Lo absurdo e inevitable de la voluntad ajena se une en la cremación del cuerpo de mi madre para poder arrojar sus cenizas al mar.
Las dilaciones ya no tenían sentido y había que hacerlo.
Un viaje de un día.
La autorización postergada del Juzgado, el trámite en el cementerio de Chacarita, su inevtable corruptela, la burocracia de los restos, su negocio implícito; el vínculo del Estado con lo más sentido de la privacidad individual. El trámite de lo propio que le da parte a quien menos lo necesita.
Un monumento a lo absurdo y yo ahí.
Sin mi vieja y ante el cumplimiento de su extraña, pero siempre respetable voluntad.
( a los 15 días del mes de setiembre de 2015 )