Julián Rodríguez

Los apólogos del bajón

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El Noticioso del Taller de Fotografía del viernes 12 de Abril de 2013

Guido Triboulard en el Noticioso


 

Para salir de la necrochavezmanía, de la euforia papalomaníaca, del rojoenlaB, de la cautelaromanía. Las inundaciones no son manías, son una desgracia inmensa.
Guido está exponiendo en la EAF(Escuela Argentina de Fotografía) su serie Memoria. La muestra curada por Elda Harrington es la organizadora de los Encuentros Abiertos de Fotografía en el marco del Festival de la Luz. Las causas por las cuales lo eligen a Triboulard y a nadie mas.
Las fotos de la casa de Guido quisieran encontrar a lo parecido de su casa con la de sus viejos, donde él creció con sus hermanos. Las luces y las sombras. Los espacios oscuros. Las proyecciones de sombras como fantasmas y recuerdos. Triboulard trabaja el recuerdo y los vestigios del pasado como tributo u homenaje a sus viejos. La Playa, Las estaciones de tren y los recuerdos de nuestra infancia vuelven como en el caso de este autor invitándonos a bucear en nuestros registros porque lo superficial y aparentemente feliz no tiene porque ser contundente. El feliz trayecto de este fotografo por territorios melancólicos nos lleva a revivir felizmente esas emociones que afloran cuando el pasado nos visita en la memoria. Decir cosas felices todo el día no te hace feliz, lo mas probable es que te haga bastante boludo. 

 

Te hace la foto con una mano sola, fanfarrón.
Aprovechando al fulano invitado les acerca alguno ejemplos de Josef Sudek, un fotografo con una vida diferente y unas fotos muy parecidas.

 

La similitud con Sudek, un fotografo checo que perdió a su padre de niño, a una mano en la primer guerra mundial y al respeto por lo establecido desde que tuvo una cámara entre su mano y muñón. El artista visual que dibujaba y pintaba en su cámara.Les agrego algunas fotos para que sigan disfrutando este bajón. Sugerencia http://vimeo.com/47500341

 

 

 

Lo feliz, lo tremendo. Lo escabroso.
(sobre una nota publicada en Tiempo Argentino)
Orlando Gonzalez, fotografo y torturador.

 


El joven adorable que ganaba premios con fotos hechas con modelos que cuando no posaban eran prisioneras y torturadas en la ESMA, entre ellas Thelma Jara y Lucía Deón. Este ganador del “gran premio de honor Condor FAF” de 1981 es un festín para el que quiere ver que otras cosas aparecen en lo que fotografiamos. Orlando González llevaba a sus víctimas a la isla EL SILENCIO sobre el Río Chañá Mini (propiedad de la Iglesia Católica) y desde ahí generaba imagenes que luego competían concursaban y pugnaban por transfomarse en el origen de muchas sonrisas y expresiones del tipo “¡Qué preciosa!”.

 

 

Surge de la nota del diario Tiempo Argentino que dijo alguna vez a sus amigos de la Revista FOTOMUNDO para una nota acerca de su trabajo: “Nunca, en ninguna oportunidad he recurrido a la luz artificial. Me gusta la luz natural y muy especialmente trabajo en la sombra, con luz difusa. Aun allí, donde la luz envuelve al sujeto, es posible encontrar sombras y controlar los diferentes contrastes que posee el original”. ¿Qué hubiese dicho el gran Lacan al respecto?

 

El tema de Pototo lo escribió Luis Alberto Spinetta cuando creyó que un amigo había muerto.

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Un Comentario to “Los apólogos del bajón”

  1. julian dice:

    Aclaración de Silvia Mangialardi:

    Para que lo puedan leer mas facil, va el texto de la aclaración

    El artículo El represor que ganaba premios con fotografías de sus víctimas de Ricardo Ragendorfer publicado el domingo 4 de abril en el diario Tiempo Argentino Pág. 30 y 31, contiene errores referentes a mi persona que es imprescindible aclarar, para no quedar involucrada con repudiables asesinos y torturadores de la dictadura cívico militar que asoló nuestro país y terminar, así, siendo una víctima más del tristemente célebre “algo habrá hecho” pero, ahora, de signo inverso.
    En junio de 1979, cuando Orlando González obtuvo su Cóndor FAF, efectivamente Fotomundo publicó un artículo sobre los dos ganadores del premio: Mitsouko Cullen, Pág. 42 y 43, y Orlando González, Págs. 44 y 45, de la edición 138, dedicando a cada uno una nota de similares características y tal como año tras año lo había hecho y lo siguió haciendo. Extraño hubiese sido que su director, Jorge Almirón, o Gustavo Beguy a cargo de la redacción en ese momento, junto a mi padre Lorenzo Mangialardi, editor responsable de la publicación, hubiesen ignorado la noticia dado que se trataba de un premio de gran importancia, tal como lo señala la nota del diario.
    Por entonces, yo no tenía contacto con el mundo de la fotografía, que frecuenté recién unos 6 años más tarde, a partir de 1985 cuando debí hacerme cargo de la revista debido a la enfermedad de mi padre y dirigí hasta el cierre definitivo en el 2012. Nunca conocí a Orlando González.
    En 1979 yo estaba cursando el último año de la carrera de ingeniería naval en la UBA y no trabajaba. Nunca fui retratista, ni fotógrafa más allá de tomas familiares, y mi participación en la revista TAD (Técnicas y Armas para la Defensa) fue una década más tarde como uno de los proyectos editoriales circunstanciales y efímeros que abordé en los 90, entre los que también estuvieron Fitness Express, Fotografía y Video Práctica y tantos otros títulos que no llegaron siquiera a publicarse.
    Tampoco tuve un cargo ejecutivo en el directorio del astillero Domecq García, ni siquiera conseguí un simple empleo. Más, después de obtener mi título fui a buscar trabajo a ese como a tantos otros astilleros, pero no lo conseguí. La política de desnacionalización económica de la dictadura había dejado a la industria naval debilitada al punto de cierre de varios astilleros.
    Por otro lado resulta inverosímil que una mujer de 24 años, que ni siquiera estaba recibida, pudiese ocupar un cargo jerárquico en ese astillero.

    No puedo dejar de expresar el dolor que me causa ver nueve veces mencionada la revista Fotomundo en un artículo que trata de la conducta indescriptiblemente aberrante de un torturador. La revista divulgó la noticia del premio -cuando nadie estaba al tanto de quien era realmente el galardonado- y no tenía ningún tipo de vínculo ni incidencia en los concursos de la Federación Argentina de Fotografía (FAF) que era la entidad responsable de los juzgamientos.
    Respecto a lo escrito, que se refiere a la obra y no a la persona, es necesario señalar que corresponde exactamente al lenguaje de la crítica de la época y a la jerga de la fotografía.

    Aunque lamento profundamente que no se chequeara la información conmigo, quiero destacar la honestidad intelectual del periodista Ricardo Ragendorfer que me permite aclarar los dichos vertidos por fuentes que me involucran tendenciosamente por motivos que no alcanzo a entender.

    Por último agradecer a la comunidad fotográfica que se ha solidarizado conmigo y me ha apoyado desde el primer día.

    El artículo El represor que ganaba premios con fotografías de sus víctimas de Ricardo Ragendorfer publicado el domingo 4 de abril en el diario Tiempo Argentino Pág. 30 y 31, contiene errores referentes a mi persona que es imprescindible aclarar, para no quedar involucrada con repudiables asesinos y torturadores de la dictadura cívico militar que asoló nuestro país y terminar, así, siendo una víctima más del tristemente célebre “algo habrá hecho” pero, ahora, de signo inverso.
    En junio de 1979, cuando Orlando González obtuvo su Cóndor FAF, efectivamente Fotomundo publicó un artículo sobre los dos ganadores del premio: Mitsouko Cullen, Pág. 42 y 43, y Orlando González, Págs. 44 y 45, de la edición 138, dedicando a cada uno una nota de similares características y tal como año tras año lo había hecho y lo siguió haciendo. Extraño hubiese sido que su director, Jorge Almirón, o Gustavo Beguy a cargo de la redacción en ese momento, junto a mi padre Lorenzo Mangialardi, editor responsable de la publicación, hubiesen ignorado la noticia dado que se trataba de un premio de gran importancia, tal como lo señala la nota del diario.
    Por entonces, yo no tenía contacto con el mundo de la fotografía, que frecuenté recién unos 6 años más tarde, a partir de 1985 cuando debí hacerme cargo de la revista debido a la enfermedad de mi padre y dirigí hasta el cierre definitivo en el 2012. Nunca conocí a Orlando González.
    En 1979 yo estaba cursando el último año de la carrera de ingeniería naval en la UBA y no trabajaba. Nunca fui retratista, ni fotógrafa más allá de tomas familiares, y mi participación en la revista TAD (Técnicas y Armas para la Defensa) fue una década más tarde como uno de los proyectos editoriales circunstanciales y efímeros que abordé en los 90, entre los que también estuvieron Fitness Express, Fotografía y Video Práctica y tantos otros títulos que no llegaron siquiera a publicarse.
    Tampoco tuve un cargo ejecutivo en el directorio del astillero Domecq García, ni siquiera conseguí un simple empleo. Más, después de obtener mi título fui a buscar trabajo a ese como a tantos otros astilleros, pero no lo conseguí. La política de desnacionalización económica de la dictadura había dejado a la industria naval debilitada al punto de cierre de varios astilleros.
    Por otro lado resulta inverosímil que una mujer de 24 años, que ni siquiera estaba recibida, pudiese ocupar un cargo jerárquico en ese astillero.

    No puedo dejar de expresar el dolor que me causa ver nueve veces mencionada la revista Fotomundo en un artículo que trata de la conducta indescriptiblemente aberrante de un torturador. La revista divulgó la noticia del premio -cuando nadie estaba al tanto de quien era realmente el galardonado- y no tenía ningún tipo de vínculo ni incidencia en los concursos de la Federación Argentina de Fotografía (FAF) que era la entidad responsable de los juzgamientos.
    Respecto a lo escrito, que se refiere a la obra y no a la persona, es necesario señalar que corresponde exactamente al lenguaje de la crítica de la época y a la jerga de la fotografía.

    Aunque lamento profundamente que no se chequeara la información conmigo, quiero destacar la honestidad intelectual del periodista Ricardo Ragendorfer que me permite aclarar los dichos vertidos por fuentes que me involucran tendenciosamente por motivos que no alcanzo a entender.

    Por último agradecer a la comunidad fotográfica que se ha solidarizado conmigo y me ha apoyado desde el primer día.

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