Julián Rodríguez

Amanecerse artista.

El atajo de la Fotografía

Las disciplinas influyentes.
Cientos de personas trabajan para que una película llegue a ver la luz y la pantalla de un cine para que otras miles de personas la vean, se emocionen, rían o lloren por ella.
Cuando esos espectadores salgan del cine, será tal vez, pensando en lo que vieron, elaborando connotaciones, creyéndolas propias, inclusive hasta es probable que hablen del tema durante días, que la recomienden y que los marque de un modo, del que los observadores inocentes, casi nunca son conscientes; al menos hasta que el tiempo y la memoria nos recuerdan hasta que punto un enunciado se hace propio.
Esos discursos construyen un modo de comprender, de ver y de pensar la realidad.
Nos hacen actuar de un modo y hacen los cimientos de una idea acerca de lo que sería la construcción de una verdad paralela, metafórica y estética.

Los soportes como rectores.
Lo mismo hacen otras disciplinas del arte sobre nuestros aparatos perceptivos. La música que se escucha en las radios, las estructuras visuales de distintas revistas o diarios y lo visual en todo lo gráfico, de todos los sitios web, que han sido diseñados para comunicar en forma eficiente. Las características de las formas de comunicación digital a través de las redes sociales e Internet también modifican nuestra manera de comunicarnos y pensar la información, inclusive afectando con mas y/o menos resistencias, según los receptores, a poder entender y luego aplicar los nuevos códigos de comunicación social; de tal manera que un cambio estructural en la pantalla de una red social es resistida por los menos asiduos a las redes y facilmente aceptada por los novatos absolutos, que no la conocieron de otro modo y por los mas avezados a estos modos de comunicación social. De este modo los cambios que se están viendo suceder no tienen tanta relación con lo que expresan sino con la manera, en tanto soporte, con el que lo consiguen.

La trampa de la simpleza.
Se están separando los estratos de descodificación de significados, tal como sucedió siempre, pero ahora con mas velocidad. La diferencia entre el que mas entiende y el que menos es cada vez mayor. La época de los discursos simples, los logos, las banderas y los enunciados quedará en la historia como una era de simplificación extrema, ingenua e inocente. Tal vez, muchos queden en esa situación de levedad analítica ya que todos los soportes así lo proponen. Mientras las hordas de la simpleza se suponen superadores de la maraña, las formas de construcción de sentidos y significados se vuelven cada día mas complejas y eficientes.

El Neo Plus Positivismo 2.0.

El objetivo anciano de hacer ver la verdad de un modo único sigue vigente. Las arengas del sacerdote medieval, del caudillo o el aristócrata decimonónico, del líder político o militar del siglo XX, no distan del recolector de seguidores (followers), presuntos amigos y contactos, de los fabricantes de software para generarlos y/o fingirlos. No hay demasiadas diferencias entre estos y aquellos, tal vez el único maquillaje sea el de una presunta democracia informativa y comunicacional que ahora si, por suerte y gracia del triunfo de un nuevo orden intergaláctico se encarama sobre las desgracias del pasado, garantizando un porvenir de felicidad perpetua.
Esta nueva forma de libertad oculta que el acceso a diferentes formas de noticias esta dirigido, favorecido, encarrilado o en el anverso casi imposibilitado ya que los buscadores no buscan sino publican lo que quieren que sea encontrado y el funcionamiento prolongado de estos nuevos oráculos de lo virtual nos llevan invariablemente por territorios permitidos o al menos no vedados. Los buscadores funcionan por patrones que surgen de la popularidad de los hallazgos en búsquedas similares anteriores; con lo que la instalación o colocación de claves populares conseguirían que algunos tópicos y abordajes se transformen en verdad casi sin dudarlo; sobre todos en quienes creen y propagan que Internet es la fuente secreta de la verdad.

Un atajo a la fama.

Ser parte de la gloria comunicacional no sería tan difícil ahora que podemos llegar a miles de millones de personas con un solo click. Cualquier “tecleante” o paseador de la Internet se larga al abismo del universo virtual con la legítima esperanza de la popularidad tan esquiva durante años y es allí donde se juegan las construcciones más interesantes de esta época. Desde la repetición de artículos fantásticos, a la ilusión del amor perpetuo o momentáneo y el deseo total al alcance de un minuto de dedicación.
Es allí donde el arte, en tanto fenómeno comunicacional, también es invadido, convocado, usufructuado y propiamente utilizado. Porque esta ilusión combinada con las creencias encarnadas que vincularían a niveles de calidad con popularidad y viceversa, comienza hacer su recorrido inverso validando o no a los discursos, las formas y los códigos por el simple hecho de obtener clics.
La ilusión acerca de lo que siempre fue imposible está a punto de obtenerse.
Amanécete artista ya.

La fotografía es lo más.
Un clic y algo loco por delante. Lo que quieren de mí, lo tendrán.
La conjunción de antecedentes proyecta al iluso sobre la fotografía como una catapulta de activación perpetua, cíclica e inevitable…
¿cómo no imaginar que con un clic alcanza?

La fórmula, el atajo o el dato mágico que permite llegar a la foto fantástica basándose en las características del objeto, su funcionamiento geométrico, las características tonales y cromáticas en relación con el fondo y la figura, sumados al ardid o combinación de todas las circunstancias en las que la foto es realizada están a punto de caer en el abismo de lo inservible, en relación con las posibilidades de la fotografía.
Es muy probable que en muy pocos años podamos estar comprobando si una foto funciona o no, percibiendo lo que hace en nosotros, independientemente de todo lo que la hace posible.
Ya es hora de empezar a observar que el fenómeno perceptivo no puede acotarse a las variables materiales que lo permiten. Porque es poco, es insuficiente, es vano como todas las afirmaciones que se desprenden de una generalidad que sólo se sostiene en algunos ejemplos, que si bien puede funcionar no garantiza que todos los casos particulares que reúna esas condiciones, también lo harán. Además de obviar todo lo no material involucrado.
Sin embargo, siempre que alguna foto me gusta, puedo tener una certeza, que es la surge de la experiencia estética. Mas allá de las razones por las cuales esto sucede, lo único cierto, como un nuevo punto cero cartesiano, es que experimento una sensación que me interesa; este punto es el que considero de mas interés, porque para detectarlo hace falta desarrollar un estado de entrenamiento estético que pocos prefieren y no necesita ser corroborado; no necesita tener método (ni medible, ni repetible, ni universalmente válido) porque no es ciencia. Explica el universo por otro camino.
Es muy probable que la inundación de fotografías de los últimos tiempos dé lugar a una nueva forma de observador que se rija por lo que perciba y nada mas. También es mucho mas probable aún, que las diferencias entre los que mas y menos ven, saben, entienden, aprenden, tienen y comen tengan una influencia notable en estos desarrollos. 
En algunos años se verá con asombro de que forma lejana a la fotografía se analizaban las cuestiones de esta disciplina. El combate final contra la incertidumbre puede postergarse, las experiencias y los entrenamientos para este fin no.

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