Julián Rodríguez

Para competir en suelo inglés, entrenamos en suelo argentino

Resumen del Noticioso Radio del viernes 4 de Mayo de 2012
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Una leve introducción de Walter Benjamin nos puede llevar a terrotorios muy extraños, de “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”

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Con mucha razón se ha dicho de él que las fotografió como si fuesen el lugar del crimen. Porque también éste está vacío y se le fotografía a causa de los indicios. Con Atget comienzan las placas fotográficas a convertirse en pruebas en el proceso histórico. Y así es como se forma su secreta significación histórica. Exigen una recepción en un sentido determinado. La contemplación de vuelos propios no resulta muy adecuada. Puesto que inquietan hasta tal punto a quien las mira, que para ir hacia ellas siente tener que buscar un determinado camino. Simultáneamente los periódicos ilustrados empiezan a presentarle señales indicadoras. 5
La recepción de las obras de arte sucede bajo diversos acentos entre los cuales hay dos que destacan por su polaridad. Uno de esos acentos reside en el valor cultual, el otro en el valor exhibitivo de la obra artística. La producción artística comienza con hechuras que están al servicio del culto. Presumimos que es más importante que dichas hechuras estén presentes y menos que sean vistas. El alce que el hombre de la Edad de Piedra dibuja en las paredes de su cueva es un instrumento mágico. Claro que lo exhibe ante sus congéneres; pero está sobre todo destinado a los espíritus. Hoy nos parece que el valor cultual empuja a la obra de arte a mantenerse oculta: ciertas estatuas de dioses sólo son accesibles a los sacerdotes en la «cella». Ciertas imágenes de Vírgenes permanecen casi todo el año encubiertas, y determinadas esculturas de catedrales medievales no son visibles para el espectador que pisa el santo suelo. A medida que las ejercitaciones artísticas se emancipan del regazo ritual, aumentan las ocasiones de exhibición de sus productos.
Arriba, derecha, cérvidos en prehistórica pintura rupestre; posible instrumento mágicos e imbuidos de aura.
La capacidad exhibitiva de un retrato de medio cuerpo, que puede enviarse de aquí para allá, es mayor que la de la estatua de un dios, cuyo puesto fijo es el interior del templo. Y si quizás la capacidad exhibitiva de una misa no es de por sí menor que la de una sinfonía, la sinfonía ha surgido en un tiempo en el que su exhibición prometía ser mayor que la de una misa.
Con los diversos métodos de su reproducción técnica han crecido en grado tan fuerte las posibilidades de exhibición de la obra de arte, que el corrimiento cuantitativo entre sus dos polos se toma, como en los tiempos primitivos, en una modificación cualitativa de su naturaleza. A saber, en los tiempos primitivos, y a causa de la preponderancia absoluta de su valor cultual, fue en primera línea un instrumento de magia que sólo más tarde se reconoció en cierto modo como obra artística; y hoy la preponderancia absoluta de su valor exhibitivo hace de ella una hechura con funciones por entero nuevas entre las cuales la artística —la que nos es consciente— se destaca como la que más tarde tal vez se reconozca en cuanto accesoria. Por lo menos es seguro que actualmente la fotografía y además el cine proporcionan las aplicaciones más útiles de ese conocimiento.
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En la fotografía, el valor exhibitivo comienza a reprimir en toda la línea al valor cultual. Pero éste no cede sin resistencia. Ocupa una última trinchera que es el rostro humano. En modo alguno es casual que en los albores de la fotografía el retrato ocupe un puesto central. El valor cultual de la imagen tiene su último refugio en el culto al recuerdo de los seres queridos, lejanos o desaparecidos.

En las primeras fotografías vibra por vez postrera el aura en la expresión de una cara humana. Y esto es lo que constituye su belleza melancólica e incomparable. Pero cuando el hombre se retira de la fotografía, se opone entonces, superándolo, el valor exhibitivo al cultual. Atget es sumamente importante por haber localizado este proceso al retener hacia 1900 las calles de París en aspectos vacíos de gente.
Arriba, imagen de la catedral de Notre Dame de París por Eugène Atget (1857 – 1927); con él la fotografía se convierte un documento histórico que alimentará revistas ilustradas donde las imágenes se acercan al receptor y ya no mantienen la lejanía de la obra con aura.
Con mucha razón se ha dicho de él que las fotografió como si fuesen el lugar del crimen. Porque también éste está vacío y se le fotografía a causa de los indicios. Con Atget comienzan las placas fotográficas a convertirse en pruebas en el proceso histórico. Y así es como se forma su secreta significación histórica. Exigen una recepción en un sentido determinado. La contemplación de vuelos propios no resulta muy adecuada. Puesto que inquietan hasta tal punto a quien las mira, que para ir hacia ellas siente tener que buscar un determinado camino. Simultáneamente los periódicos ilustrados empiezan a presentarle señales indicadoras. Acertadas o erróneas, da lo mismo. Por primera vez son en esos periódicos obligados los pies de las fotografías. Y claro está que éstos tienen un carácter muy distinto al del título de un cuadro. El que mira una revista ilustrada recibe de los pies de sus imágenes unas directivas que en el cine se harán más precisas e imperiosas, ya que la comprensión de cada imagen aparece prescrita por la serie de todas las imágenes precedentes.
o erróneas, da lo mismo. Por primera vez son en esos periódicos obligados los pies de las fotografías. Y claro está que éstos tienen un carácter muy distinto al del título de un cuadro. El que mira una revista ilustrada recibe de los pies de sus imágenes unas directivas que en el cine se harán más precisas e imperiosas, ya que la comprensión de cada imagen aparece prescrita por la serie de todas las imágenes precedentes.

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El video de la presidencia muestra en este orden. Mar. Pingüinos. Viento. Nubes. Casas. Torres. Viento. frío. Banderas y deportista anónimo.

 

(Ver desde http://youtu.be/lSlyQp9NAoM)

de 00:00 a 00:12    Paisaje de lectura lenta
de 00:13 a 00:17    Zylbergberg y el fondo con muy poco protagonismo de él.
de 00:18 a 00:20    Banderas
de 00:21 a 00:22    Cara y arranca (comienza la fuerza en la pista de audio)
de 00:23 a 00:47    Fondos quietos y atleta que pasa. (falsos barcos no hundidos) Atenti al tono.
de 00:48 a 01:00    Cansancio
de 01:00 a 01:07    Último esfuerzo
de 01:08 a 01:12    Descanso y fondo (sube la señal de audio por última vez)
de 01:12 a 01:20    Fondo quieto. Texto y nubes.
de 01:21 a 01:30    Textos de Presidencia

Reparen el el recurso de repetición tonal. Adviertan la ausencia de bajadas. Contemplen la sincronicidad y el cuidado de correlatividad visual debida a la posición del sol; salvo en los falsos entrenamientos en Penguin News y en las escaleras.

Reconsideren la crítica gorila que no observa los méritos de un pieza sin igual en la historia audivisual inmediata de nuestro país. Descubran que cipayo histórico o su aprendiz no advierte los méritos de un discurso muy bien hecho.

Sugerencia de esta semana: Buscar El triunfo de la voluntad  y/u Olimpia, ambas de la directora Leni Riefenstahl. Al que apresure la sentencia de nazi o de anti K, le sugiero mas lectura y observación.

Suerte y hasta la próxima

Mas info en http://www.youtube.com/casarosada

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Un Comentario to “Para competir en suelo inglés, entrenamos en suelo argentino”

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