Julián Rodríguez

Acerca de la curiosa similitud entre las palabras rumbo y destino.

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Supuestos del atajo entre el chipá, Doisneau, Rodchenko y el Pullitzer

Esta es la foto del 2do premio último Premio Pullitzer. Recuerden a Robert Doisneau y a Alexander Rodchenko

Con vosotros las fotos prometidas

Ante un recorrido por una ruta que no tiene señales indicadoras ni marcas de tipo alguno para llegar a un lugar determinado nos podemos encontrar como mínimo con dos métodos que excluyen al GPS . Uno podría ser basarse en el dato geográfico que nos permite saber cual sería el rumbo que debiéramos tener, por ejemplo si tenemos que viajar hacia el NNO y entonces elegir los desvíos posibles en relación con esa pretensión de rumbo. A riesgo de saber que ante un desvío mal elegido podremos en el próximo retomar hacia el pretendido e inclusive volver atrás si lo consideramos necesario.
Otra posibilidad sería estudiarnos de memoria o anotarnos en un papel cual debe ser la secuencia exacta de virajes y decisiones a tomar en relación con todos los desvíos y bifurcaciones posibles que el camino nos presentará; a riesgo de saber que alcanzaría con que un desvío no se haya sido registrado o escrito para perdernos irremediablemente; inclusive sabiendo que si alguna obstrucción surgiera por reparaciones o corte de ruta, ésta pudiera hacernos perder el rumbo para siempre.
No es casual que el GPS funcione midiendo nuestra posición en relación con el objetivo y corrigiendo continuamente pero considerando al rumbo como destino y a cada movimiento como un intento de aproximación o alejamiento.

Se fotografía como se vive.
La suposición que el control anticipado de las variables conseguirán el resultado pretendido es casi tan inocente como el hecho de pensar que el estudio de los cruces evitará el extravío. Sospechar que el ajuste racional de las variables racionales conseguirá el resultado completo se ve en una suerte de fe al método que pretende evitar toda posibilidad de error.
Creer que existe un modo de operación mejor que otro, una película, laboratorio , impresor o programa de edición, un modo de enfoque mejor que otro, un firmware que solucionaría problemas de las fotos, un nuevo modelo de cámara con presuntas mayores prestaciones técnicas, mejores lentes, distintas marcas y modelos, saber cuánto hay que sobre o subexponer, donde hay que medir con que forma de fotometría se debe hacer la medición, cómo debe componerse, cómo deben desarrollarse los conceptos, inclusive el abordaje y los aspectos conceptuales, cuántos puntos debe tener la escena; entre cuáles se debe hallar la figura y a que distancia tonal debe encontrarse del fondo forman parte de la lista básica de excusas disuasivas del manual del escapadizo antropomórfico. Este conjunto de zonceras que se solucionan con el conocimiento del sistema y con un desarrollo sensible del aparato estético, si se me permite la mariconería idiomática, da la pista acerca de a que punto hay que llegar.
Eso es el rumbo y con técnica se llega. El asunto es conocer el destino antes de zarpar hacia esos horizontes, por que lo mas probable es que en el viaje viremos ligeramente el timón, hacia mejores puertos.

Suerte y buenos vientos. Salute.

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2 Comentarios to “Acerca de la curiosa similitud entre las palabras rumbo y destino.”

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