Julián Rodríguez

La obra es curativa.

…“No sé por qué hablo de todo esto. Debe ser porque me cuesta ir al grano: Venecia, el arte contemporáneo y la bienal. Hace un tiempo que lo intento y no consigo tener una opinión. No puedo hacer foco. Sólo el hecho de proponerme escribir algo sobre arte contemporáneo me paraliza. Me gusta pintar, dibujar, tomar fotos, hacer videos, objetos, escenografías en forma continua y compulsiva. Pero nunca pude terminar de leer una nota, un prólogo, una crítica, ni un libro sobre arte, ni siquiera los que hablan sobre mi propia obra.” (Marcos Lopez)

Casi en todos lados es domingo, entender este artículo depende eso; en Mar del Plata son las once de la mañana, ya tomé los mates de rigor, las tostadas de pan negro y casi todo lo que pretendo de y para mí. En Barracas , misma hora, otro fulano espera que le haga unas preguntas, tal vez charlar relajado, para el Noticioso del Taller de Fotografía.

Dice que hace frío en Bs. As., le cuento que acá siempre;  explico el disparate básico que resulta de hacer una ciudad balnearia aquí y entre nimias conjeturas acerca de las influencias del clima comenzamos a hablar sobre el Congreso iberoamericano de Cultura de Mar del Plata, tema del que ya hablamos ayer,  medio de raje. Aacerca del tema, Marcos evidentemente no encuentra demasiados problemas. Dice que nadie engañó a nadie y que si lo iluminaron mal debe ser porque no sabían como hacerlo y que imagina que el hotel no habrá querido darle un lugar mejor, pero que lo imagina, no lo sabe con certeza y mucho no le importa; ya lo habíamos hablado y sostiene que en esta etapa de su vida se está ocupando de cosas más importantes. (ver nota en el blog: http://julianrodriguez.com.ar/blog/201109/marcos-lopez-y-el-congreso-de-cultura-iberoamericana).
De todos modos ésa fue la excusa para la comunicación de hoy.

imagen de Marcos Lopez extraída del sitio del IV Congreso Iberoamericano de Cultura, Mar del Plata 2011

Un personaje aparentemente desordenado, difuso, desconcentrado se pone a tiro respondiendo claramente y sin titubeos llevando el tema hacia donde pretende, no hay dispersiones, salvo las que se irían transformando en pistas para los tópicos que pretendo desarrollar; siento que estoy hablando con un NBA de la fotografía y que voy a aprender mucho más que la suma de cosas que podrá contarme. Hace poco leí en una nota suya en Radar, dice “Me dan ganas de irme por las ramas. Esquivar el bulto. Sacarle el cuerpo. Con el tiempo, fui aceptando que la dispersión puede ser un camino posible para llegar al objetivo”. Sus palabras eran como un eco que resuena en mi espejo mental. Esta entrevista diría tanto en lo que dice como en lo que no dice. Desde la primera vez que lo escuché noté que no todos sus silencios eran olvidos, sino que pausas, en las que su personaje pisa la pelota para luego retomar con firmeza.

Hablábamos de su muestra itinerante, de la distribución de la obra de arte,  casi como todas las conversaciones entre fotógrafos que hacemos trabajo de autor, pero no somos amigos, ni ex compañeros de trabajo,  de modo que en un momento tuvimos que abocarnos al tema del que versaría la nota. Me parece muy interesante que el paladín de los fotógrafos argentinos incluidos en el mercado del arte contemporáneo converse acerca de un asunto tan sensible a la mayoría de los fotógrafos, desconocido para las masas y anhelado por los ingenuos. Le pregunté como congeniaba su relación de profesional de la fotografía con autor de obra de arte, si acaso el rinde pretendido se evaluaba del mismo modo que en el desempeño como fotógrafo comercial. La palabra “rinde” le resultó graciosa, él proviene de un pueblo de la pampa gringa y el “rinde” se usa para el cereal me dijo; no obstante coincide en que la producción comercial se conjuga con una poética propia que si no es genuina no generaría ventas.

Convive con Marcos y su necesidad expresiva la contradicción de saber que la obra que le compra la Fundación YPF (recuerdole, YPF es REPSOL) con mineros de Bolivia clavando la wihpala, como marines en IwoShima, con Perón, Evita, el Che, Evo, Chavez, San Martín , Bolívar y demás paladines, no es un logro revolucionario. La transacción no es un gesto de convencimiento ideológico, no hay una conversión espiritual e ideológica del cliente, mas bien todo lo contrario; compran una obra de 3×9 metros para mostrarla en Puerto Madero con gendarmes que miran el calzado para saber si se es merecedor o no de pasar. Esta contradicción es parte de él y ya va aprendiendo a llevarla.

fragmento de La Suite Bolivariana de Marcos López

López no tiene contacto con sus compradores ni con los coleccionistas; son sus galeristas los que lo llevan al posible estrellato vendiendo sus obras, y depositándole el dinero a través de Western Union para que él pueda seguir mandando a sus hijos al colegio privado, para que las huelgas docentes no los perjudiquen y para que el chino del supermercado de la vuelta de su casa le siga vendiendo lo que necesita para seguir en marcha.
Marcos cuenta que le costó un tiempo asumir que su obra de extracción popular y latinoamericanista es comprada por quienes no comparten lo que el hace, piensa o dice, que la quiera el magnate o el gerente del banco es su ejemplo categórico; sostiene que esa situación de enfant terrible es lo que les fascina a sus galeristas, aunque igualmente lo frenen cuando se pasa de provocador diciendo que se caga en ArteBA a la vez que vive de ArteBA y otras ferias. Lo que se vende es lo que se vende.

del libro Marcos Lopez,fotografias del año 1993

del libro Pop Latino de Marcos Lopez

Marcos se recuerda como a un pibe de catorce años, producto típico de famila de clase media provinciana, que le iba mal en el colegio de curas, mal cuando jugaba al rugby y mal cuando desembocó en ingeniería, para que le siga yendo igual como en todo ámbito previo. Era lógico para él y fácil de adherir a la idea de que el arte lo estaba esperando. Sus fotos ByN de la cama y el crucifijo serían el presagio. Es por eso que cree que su relación con el arte y con la docencia es exótica o al menos ligeramente rara en tanto con que se considera una relación habitual con estas disciplinas.
Se sabe un privilegiado de esta época en la que la fotografía latinoamericana está de moda, que le compre obra el Museo del Muelle Branly de París, el Reina Sofía de Madrid o un coleccionista de Suiza es algo que lo tiene sin cuidado, no es su problema, no habla con coleccionistas ni acude a cocktails. Marcos sabe que eso no le hace falta. En ferias, el 80 % de las fotografías lo aburren, no mira mucho de lo que hay, le gusta poco, no le da bola. Dice que no mira que pasa alrededor. No consigo que me dé ni un nombre de un fotógrafo a quien admire. Las reglas del juego warholiano tácito de la estrella del arte contemporáneo deben respetarse y lo acepto. Su explicación es clara, extensa y concreta para llegar a no largar ni un dato “me olvido los nombres” es el remate que le dejo pasar.

Lo suyo es laburo, construcción de obra y cobrar los envíos de sus galeristas, para luego, pagar las cuentas como todo fulano que paga cuentas.
Sin sinceridad no pasa nada, me dijo como repensándolo mientras hablaba tras venir hablando de guita y me conmovió; agregó, hay miles de artistas malísimos que venden muchísimo, hay caminos posibles para quienes no vamos en procura de la venta sino de la obra a riesgo de que los galeristas nos saquen carpiendo. Hace poco estuvo en Bolivia haciendo un trabajo sobre el equeco, lo ve como un trabajo documental, clásico, algo visceral y lo expresa de tal modo que pareciera que por eso, el proyecto está condenado. Para mientras, sigue laburando sobre un músico misionero Don Ramón Ayala, que pinta, escribe, dibuja y no para de crear, como un clon desfasado en el tiempo, un artista perpetuo de allá curiosamente parecido a un Marcos Lopez de acá. Sobre esto me confió que hace un tiempo decidió completar su obra con pinturas y esculturas. Rotundo fracaso comercial, brillante éxito de sus ganas de hacerlo. La obra no sale por producción de piezas comercializables, es por necesidad médica. “siga haciendo obra porque sino lo tendremos que internar” le dijo su terapeuta. La obra es su asunto, labura en eso todos los días. El trabajo debe verse en el rol de artista o en el de docente.

 

Al respecto me contó que hace poco estuvo en Latvia y que aún no cae de la maravilloso viaje : “Sinceramente, hace casi un mes que volví de la intensa experiencia de la escuela de verano ISSP en Kuldiga, y todavía estoy procesando la intensidad y calidad humana de la experiencia vivida. Fue mi mejor experiencia como maestro en más de 20 años de trabajo en América Latina y Europa. Creo que los duendes y los elfos del bosque nos ayudaron. Alta calidad humana y artística. Un excelente grupo organizador, de alumnos y de maestros. Sin duda tiene todos los elementos para ser considerada muy pronto la mejor escuela de Europa. Para mí ya lo es.” (http://issp.lv/en/summer-school/2011/news/marcos-lopez-on-issp)

hoto: Toms Norde, Meat Shop, ISSP 2011, Workshop no.2: Kuldiga in Pop-Latino, by Marcos Lopez

photo: Toms Norde, Meat Shop, ISSP 2011, Workshop no.2: Kuldiga in Pop-Latino, by Marcos Lopez

Había pasado mas de media hora mis niños gritaban llamándome y su perro ladraba, espero que mis hijos no se hayan escuchado con tanta claridad como al perro desesperado por salir. A mi me quedaba un domingo placentero pensando que escribir, a él, su esposa y un perro con ganas de piyar afuera. Buen inicio para un día de descanso.

Gracias Marcos.

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Un Comentario to “La obra es curativa.”

  1. myvideo44 dice:

    myvideo44

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