Julián Rodríguez

Postalandia, la tierra de las verdades irreversibles.

¿Y qué tiene qué ver todo esto con la fotografía?

Somos parte del mar.
Tan poco accidentales como inocentes, son las versiones triunfantes de los tergiversados hechos delictivos que abarrotan la memoria de nuestro pasado remoto como sociedad.  Hoy,aparecen radiantes, las nuevas explicaciones del devenir común último pasado. Forjadoras de una lectura ideologizada y condicionantes como pocas, transforman el presente en caótico y en paradisíaco al pasado, aunque aquel momento hubiera sido   otro profundo infierno dantesco. La pericia para escrutar la historia se adquiere casi siempre con el tiempo, sin reglas fijas, con alguna dosis de picardía y viendo como los sucesos marcan nuestras acciones u omisiones, merced a lo que consideramos correcto, válido o sólo conveniente en función de cómo entendemos nuestro entorno y las relaciones que establecemos en ese sistema de interacciones.

Las explicaciones de los hechos concretos  y medibles son sin duda las nuevas madres del cochino, las más tiranas por ser contemporáneas y actualizadas, las que explican el porque de lo que sucede, las guías para comprender como se articulan, complejas y laberínticas las causas de todos los males, las explicaciones a todo transcurrir y por tanto a las obvias salidas del atolladero que nos promete y garantiza muerte, cercana e irremediable, sabiendo que es lo único que esta vida puede cumplirle a un mortal.

Si pasa en la vida pasa en la fotografía.
Este artículo pretende esbozar una posición, en relación al funcionamiento, de algunos de los mecanismos por los cuales, las construcciones de significados son luego guías de rumbo, dirección y sentido de diversos grupos sociales, a través de sus líderes de opinión, suerte de operadores de los promotores de algunas ideas que se instalan como verdades irrefutables, aunque no tengan fundamentos mas sólidos que el modo en que han sido divulgadas, vale decir sin solidez en argumentos y pruebas; entonces las concordancias y diferencias entre los modos de expresar los discursos se transforman en códigos de comunicación válidos por ser las formas de construcción las que funcionan en marcos o sistemas particulares y predefinidos. Constituyen así el tesoro mas valioso de la época,  sin extrapolar demasiado aunque lo parezca, el ejemplo del flamante premio Nobel de la Paz, Barack Obama, que no es mas que un genocida que invierte millones de dólares en guerras en marcha y “preventivas”, demostraría lo volátil del discurso y sus ribetes. El premiado, sus representados y sus secuaces invierten también en sistemas de control social basados en  medios de comunicación y formadores de ideas, que para países como el nuestro resultan mucho mas eficientes y entonces, bajo esta implacable dependencia cultural, semántica e idiomática, mas económicos y eficientes. Ya que controlar medios es mas barato que ejércitos y esto es sólo posible donde los medios comparten códigos y formas de funcionamiento. Podríamos imaginar que no somos invadidos porque creemos en la verdad que se nos transmite. Tal vez sea este tiempo y lugar del mundo un aquí y ahora en el que esté comenzando a darse una batalla que aún ni avisoramos.

Operadores de opinión y acción.
Los nuevos encargados de explicar qué y cómo sucede son los operadores que otrora fueron líderes religiosos, espirituales, militares, estrategas y distintos sujetos que se han encargado de conducir a las masas por los territorios mas fértiles para sus semillas de intereses de clase y grupo. Tal vez resulte redundante el recuerdo pero quizá haga falta recordar que los pueblos etiquetados como impíos, salvajes, demoníacos, heréticos, enemigos de la libertad y los hoy terroristas no distan entre sí más que en el período histórico que les ha tocado. En nuestra tierra, la justificación para aniquilar al indio, al negro, al vago de la colonia y hasta el de Roca, al salvaje de Sarmiento, al anarquista de los conservadores de inicios del siglo XX, al peronista, al zurdo, al gorila, al rojo, azul, colorado, al guerrillero, al estudiante, al docente, al gremialista, al pibe fierita, al piquetero, al pibe con visera o capucha y todo aquel que proponga algún nivel aunque tibio de resistencia a los efectos de los planes implantados y ejecutados en los últimas décadas de nuestra historia política, económica y social, sin adjudicarle a este orden importancia alguna ya que siempre son simultáneos.

Una racionalidad de estricto cabotaje.
Las mismas razones que avalaron conquistas, genocidios, violaciones, evangelizaciones sangrientas, guerras preventivas y destrucción, cuando no adquisición ilícita, de los bienes materiales o culturales, de particulares y de un pueblo cualquiera de la historia se encuentran avaladas por decisiones que se cimientan en el marco de pensamiento que las sostiene. Son estas mismas razones por las cuales alguien cree que un grupo étnico, social, político, ideológico pueda ser responsable de las angustias que lo acechan, inclusive antes de conocer las circunstancias sobre las cuales se toma posición. Entonces se crean líneas de pensamiento y de acción al respecto, al mismo tiempo que quien prejuzga resta algún tiempo al  proceso de ideas. Es este ahorro de pensamiento es el que inhabilita la posibilidad de llamar razonamiento a esta curiosa y previsible asociación de ideas. Así esta presunta objetividad no es más que una subjetividad orientada por enunciados que adquieren una preponderancia desmedida ante otros que pudieran surgir del análisis minucioso de la situación particular. De una vagancia mental de estas características no podemos más que desembocar en un maniqueísmo generalizado y sustentado por causas tan valiosas como la moda o la persistencia en la fuente de información que generó esta postura ante la interpretación de una realidad única. Esta holgazanería multiplicada explicaría la persistente habilidad en conspirar contra el futuro bienestar de los pueblos de presuntas democracias contemporáneas.

Digestores a domicilio.
La posibilidad de construir acciones a partir de verdades instaladas, que a veces no sean más que indicadores de la temperatura del estado anímico de algún sector social, tiene que ver con una displicencia popular en torno al análisis de la información recibida, que de algún modo se justifica y cimienta en relación con el tiempo que se le puede dispensar a cada uno de los temas que nos atañe en el diario trajín y que se constituye en la sumatoria de un cúmulo creciente de verdades propagadas por diferentes canales (medios) en los que no corre mas que una filtradísima corriente de afirmaciones simples que no presentan contradicción interna. Al apilarse en mentes poco afiladas marcan sentido, significado y forma de una realidad circundante y predigerida. Cualquier otro camino de construcción natural e individual puede tener alguna contradicción o desvío de sentido que el operador de opinión o grupo emisor evita para favorecer la digestión direccionada. De este modo se conjuga el ahorro, la pseudo vagancia y el control social de un modo más que mágico, diseñado. La economía cierra la ecuación, las voluntades se modifican hacia un solo rumbo. Donde estos canales de conversión del pensamiento no funcionen o no existan deberá haber guerra.

Brevedad discursiva para una apoteosis.
Lenguajes breves para receptores ocupados. La lluvia de información abarrota las mentes atribuladas y reduce la capacidad de concentración; como un signo de la era pueden hallarse perfiles psicológicos individuales distintivos de la época, una sociedad de ansiedad con necesidades insatisfechas que pretende construir caminos de acceso veloz, más allá del rumbo buscado. Que sólo si breve y efectivo sea un triunfo sería su lema. A tal punto, que en tiempos como los que hoy nos tocan, el amor por la prostituta sería la apoteosis de la exageración del valor de la mercancía;  mas allá de ortodoxias doctrinarias y de las discriminaciones de valor de intercambio y plusvalía nos hallamos frente a un fenómeno de características por demás curiosas no por extrañas sino por lo tan frecuentes y populares a pesar de lo infructuosas.
A consecuencia de que el peso de verdad de los enunciados propagados no responde a la contundencia de sus pruebas, tenemos así una nueva versión del sofismo donde la demostración de una verdad es a condición de la aprobación masiva y eso no requiere ningún método de comprobación, sólo que la mayoría de las voluntades enfundadas en el saco del eslogan televisivo de las democracias occidentales se carguen a toda forma de argumento contradictorio, que hoy es además de sobrecargado de ideología, como presunto defecto, resentido, totalitario y terrorista.

La fotografía como partícipe necesaria.
En este marco circunstancial la comunicación visual ocupa un lugar primordial por demoledora y contundente, salvaje e impetuosa porque sobre todas las cosas es sólo utilizada con habilidad por aquellos que la han sabido cultivar, aquellos que la supieron efectiva desde antes y que por utilidad la han investigado para poder aprovechar sus ventajas; lejos del abrigo de la presunta seguridad que el verbo aseguraba a sus seguidores de la fe, proveyéndoles tantos frutos como siempre a todo crédulo y tanto como la consecuente necedad que el obediente garantiza. La imagen como lenguaje se ha transformado un código de acceso restringido para iniciados, a veces redactores, a veces repetidores. Para explicar el fenómeno de la fotografía esta premisa será necesaria y en su ausencia sólo generadora de vacío conceptual. A salvo sólo por aquellos que tributen el tiempo y el esfuerzo menester para salir del bando de los encubiertos por la fe. El aporte personal que todo libre pensador debe hacer a aquello que merece su interés.

Tilingo se hace, nunca se nace.
En el ajedrez de la realidad el tilingo siempre juega con las negras.
Subirse al discurso implantado por los dueños del código y obrar en consecuencia con mueca de superado es ser tilingo.

Juegan las blancas con una apertura invisible al tilingo.
La ausencia de duda ante lo sumamente complejo, cuando no ante todo, es su sello mas visible. La tilingada se retroalimenta encerrándose y evitando el umbral de duda, toda vez que así también evita el trastabille del pensamiento y se abriga en el apoyo de la opinión tilinga del ámbito semejante que frecuenta y procura como abrigo a las inclemencias del peligro salvaje que lo acecha por ser gente bien; toda vez que el alivio mental fomenta como cataplasma tibia las vagancias del pensamiento, de la duda y el análisis. La jugada tilinga no descubre ni a palos la estrategia de la apertura de las blancas pero ríe y cancherea como si su respuesta no le perteneciera. Los tilingos aumentan a medida que en su condición de sujeto social disminuyen las necesidades primordiales, es curioso pero así de aparentemente inevitable, a falta de plan que de otro modo lo pretenda y proponga. Para mientras siguen siendo promotores y formadores de ideas, modas, rumores y protodestino porque al futuro se lo cambia en el presente.
El tilingo se sabe o autorreconoce, aunque equivocado, ligeramente por debajo de aquello que quiere ser, por más que la distancia sea sideral y se observa en su espejo mental ilusorio muy por encima de aquellos a quienes desprecia, juzga y condena. Así, sustentado por los usufructuadores de los beneficios que su torpeza genera, su vacío conceptual no es más que una consecuencia de la efectividad del mecanismo aplicado.
Es inocente pero responsable, de sus actos y movimientos.

Desarrollo tilingo del juego
Podría parecer una señal de debilidad del manipulado, pero no lo es, en la medida en que el modo y método se transforman continuamente para afectar a las masas dependientes y/o indiferentes, ya que éstas por acción u omisión y en ausencia de intenciones, versus quienes obran efectivamente por necesidad de preservación de lo obtenido, por conocimiento de las reglas del juego y por sabia lectura del paño.
Juegan las blancas y dan mate en tres jugadas.
El barro somos todos y eso es el lodo que debe ser formado. En las transformaciones sociales no hay siquiera fuerza de gravedad que imponga la naturaleza, toda acción es provocada por las partes, entonces quien no juega da su turno al adversario.
Las blancas dan mate en dos jugadas.
Pareciera que no habría salida para las víctimas y ésta es otra de las patas de la patraña.  La que existe es la distribución de las herramientas en modo equitativo y estratégico en función del proyecto colectivo pretendido. Desde ya que para eso debiera existir alguno que supere el conflicto coyuntural inmediato y que además sea lo suficientemente revolucionario como para igualar las posibilidades de acceso no sólo a la información, sino y sobre todo al análisis de las dependencias políticas sociales y económicas que esto implica. A esta modificación de las categorías de análisis no puede llegarse sin proyecto formador educativo anexo. La masa tilinga se desperdiga como hidrógeno entre todos los bandos convencionales y son una constante estructural que no se pretende modificar a variable porque la forma de funcionamiento de cada uno de los movimientos de los bandos en disputa depende de ello.
Las blancas dan mate en la próxima.

 

continuará

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