Julián Rodríguez

La docencia en fotografía como trabajo de autor

Alguna vez consideré, no sin demasiada inocencia cegadora y exceso de fe en los discursos estratégicos marketineros de la época, que el trabajo como docente en mi disciplina podría ser el mecenas de mi fotografía de autor; puesto que en el ilusorio territorio de la hipótesis y los proyectos que se elucubran a la vez que avanzaban, todo parecía posible.

El tiempo se fue encargando de hacerme ver algunas maravillas del trabajo en la docencia y de ese modo esta actividad se fue haciendo de mi tiempo de trabajo, entonces de mis horas y mis días, luego de mí. Era de esperar que cualquier labor que se quisiera hacer a conciencia dejaría hecho añicos mi reloj, sobre todo considerando que esta vez no iba a ser docente de temas que sólo conozco como para explicarlos, trabajo digno de mis primeros años de la facultad, sino que ahora elegía como materia a la disciplina a la que decidí dedicarle mi vida.

Con la Fotografía todo se volvía diferente, porque me faltaban referentes en la docencia específica, porque desarrollarlo es placentero y porque los resultados de mis alumnos eran tomados desde un lugar personal; sabiéndome mas comprometido con el fruto ajeno que cuando el tema era alguno, distante y pretendidamente objetivo de alguna ciencia dura.

La Fotografía me presentó la difícil decisión de encaminarme a lo que se me había dicho que era el éxito profesional o a lo que yo quería de ella. Tuve la suerte de poder elegir, escoger lo que parecía menos conveniente, la persistencia en la huella del machaca momentáneo, para la construcción de un proyecto que funcionaría tiempo después.

Mientras tanto el trabajo de autor acompañaba mis días creyendo que era el objetivo, de hecho, aún  hoy, en algunos días lo pienso así, pero también veo que se es lo que se hace y no lo que se dice que se hace. Atravesando los cambios que vas teniendo, los aciertos y errores, los placeres y las frustraciones que te tocan. Las críticas, los garrones, las ventas, los premios y las pérdidas.

Hace tiempo, en relación con mi obra ha llegado el punto en el que ponerme a hacer fotos, de las que quiero para mí, es un tema casi estresante, un conflicto en potencia en relación con el tiempo que debiera utilizar y dispensarle, porque sé que sin depositar en cada proyecto una dosis importante de atención, dedicación y esfuerzo, nada bueno ha de salir de allí. Debo admitir también que el nivel de expectativas en relación con mi trabajo de autor sigue subiendo como si le dedicara todas las horas de todos mis días; cuando en verdad, quien se lleva ese trofeo es mi Taller de Fotografía.

Hace unos años tuve en esa incongruencia, el origen de un problema conmigo mismo que parecía no tener solución, resumiéndolo, se planteaba en la incompatibilidad de la vida de “autor de fotografía de autor” con la vida de un docente de fotografía, tal como pasó entre la vida de un estudiante de Ingeniería y un fotógrafo como el que yo quería ser o un estudiante de Filosofía y el fotógrafo que soy. La solución comenzó a cristalizarse cuando observé que soy el docente y el autor que voy siendo, cuando mido que hago lo que puedo con todo lo que puedo. En otros términos, mi objetivo mutó a seguir trabajando. Los frutos serán los que sean. Ir en búsqueda del resultado es no trabajar para eso, es creer en que por el hecho de desearlo, el universo obrará en nuestro beneficio. Eso no sucede por más que la autoayuda interplanetaria así lo dicte.

Esta situación es análoga a la de muchos de los estudiantes del Taller. Los recorridos en el Taller se parecen mucho entre sí. Desde afuera se puede ver mas que un camino de incorporación de conocimientos; un desarrollo personal, que va de los intereses de cada cual a la técnica para obtener mejores resultados, a las frustraciones por lo pretendido y no alcanzado, a los triunfos sobre la adversidad, la inmensa alegría de obtener lo que se busca. Luego vendrán las valentías narrativas, estéticas o poéticas; cada paso de cada uno de los participantes se contrasta con los integrantes de su grupo y en cada reunión con los de otros grupos.

Las diferencias entre timoratos y audaces comienzan a marcar rumbos, diferencias taxativas que incentivan o sepultan otras expectativas de logro. Los trayectos parecen ser espejos que atrasan lo visto en otros grupos, con otras personas; inclusive en el caso de los que recursan no se observan iguales resultados, el grupo parece determinar a los resultados más que el esfuerzo. Esto es lo que me parece sorprendente, los grupos, los desarrollos individuales y grupales repitiéndose como espejos. La tecnología no cambió nada, ni las redes sociales, ni la convertibilidad, ni el Efecto Tequila que vio nacer a este Taller. Los cambios se hacen obra como en la era de la película, como en el tiempo de la irrupción de las digitales, como todos los casos de fe en los objetos, en las escenas, en los viajes, en la exótica ilusión que todos cultivamos en relación con la idea de que mágicamente algo cambiará todo y la felicidad nos inundará.

Observar esos fenómenos y obrar en consonancia es lo que me hace ver el trabajo de docente como trabajo de autor. Que el Taller se haya transformado en el lugar al que acuden los que quieren ser profesionales y los que quieren ser autores, me obliga a entender que mi idea de no influir en la fotografía de mis alumnos es casi una imposibilidad manifiesta porque no hay más rumbo y sentido que aquel en el que creo profundamente. No puedo dejar de hallar en las necesidades ajenas, situaciones paralelas a las que ya vi, tal vez en otro caso de Taller o en mi propio recorrido. Han pasado tanta gente que a veces creo que ya hubo un muestrario de todos los casos posibles y en cada grupo aparecen novedades; aproximaciones diversas.

No se puede dejar de ver al desarrollo ajeno como una variación del propio, por más que no quiera hacerlo y en la consistencia en los resultados ajenos, si acaso se consiguen, no puede deberse a más que a ponerle al crecimiento en la disciplina una garra semejante a la que le puse a mi trayecto. Así veo como hay momentos en los que no se hace, en losque no se analiza, en los que se hacer sin pensar demasiado y también momentos en los que si previamente no hay un camino. Saber que el trabajo de autor es lo que guía y fortalece el nivel profesional de cualquier fotógrafo, hace que esa columna sea mas firme que la de cualquier inocente que viene con la loca idea de pensar que quiere saber “como se deben poner las luces para hacer fotos lindas” (…). Ser el fotógrafo que quise ser y tener el taller al que hubiese querido concurrir es lo que guía mi devenir.

Debo admitirlo, la docencia también es mi trabajo de autor.

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6 Comentarios to “La docencia en fotografía como trabajo de autor”

  1. valhija setentayocho dice:

    Que comentario queres que te haga!! Se de obra , se de tus Grupos, se de la calidad de personas que se forjan en ellos (por lo menos en el que comparto).Sabés una cosa? Tuve la suerte de conocerte gracias a mis hijos. Conoci tambien un Grupo humano muy bueno. Pero eso (Mas alla de las bondades o cualidades)de cada uno esta regido por un hilo conductor. Y ese sos vos que profundizas tu trabajo de Autor, en cada una de las clases. Muchas veces estuve tentado de dejar de ir, porque a pesar del esfuerzo a veces cuesta la incorporación de algunas cosas. Y eso se hubiera concretado de no haberte sentido tan orgulloso de Tu Taller y de la forma en que te desojas de su sabiduria para con nosotros. Salud Maestro

  2. valhija setentayocho dice:

    Fe de Erratas: Se de TU obra, y donde dice te desojas es te DESPOJAS ( se que nada tenes que ver con el campo)

  3. Isis Petroni dice:

    Este es tu trabajo de autor más generoso y gracias al cual muchos descubrimos una pasión y forma de exteriorización de la cual te estamos agradecidos. Igual hablo por mi, yo me enorgullezco de haber pasado por ahi :) Gracias

  4. Hay momentos en la vida en que es necesario tomar decisiones trascendentales y seguir esa voz del corazón, la fotografía es algo maravilloso, pero como todo en la vida, es importante sentir pasión para ir más lejos de lo convencional.

    Felicidades!

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