Julián Rodríguez

La cadena perpetua de oraciones inclusas.

Si en una mesa de saldos de ferretería te ofrecen cadena de eslabones separados debieras ir sospechando que la estafa te está rondando.

Una cadena no es si no está unida y el uso que puedas darle depende de esa condición.

De esta forma y en situación paralela a lo que sucede en el trabajo de quien se dedique a la fotografía de autor;  debiéramos encontrar el dato fundamental que diferencia a una pieza de colgar en la pared, vale decir una foto, una obra, un cuadro o como gustes llamarlo contrastado con todo el trabajo anterior de esta persona,  ya que cada pieza que se muestra no es más que un eslabón, que tal vez parezca un hecho aislado en la producción por ser lo que fehacientemente se observa, pero no lo es.

La solvencia o la profundidad de lo expresado se pone de manifiesto en la medida en podemos observar lo que hace en relación con lo que ya se había hecho.

De esta manera el recorrido que hacemos en fotos no es una línea contínua que marca de donde venís sino una especie de línea punteada en la que importan tanto los trazos como los espacios vacíos, con igual importancia y contundencia.  Es una especie de marca interrumpida pero sin grietas y donde lo que se observa es tan importante como lo que no. Desde ya que para eso el trazo no debe interrumpirse, tras cada silencio debe haber un nuevo trazo, una nueva impronta que continúe el rumbo  o lo desvíe hacia otra dirección.

Esta interpretación permite distintas perspectiva en la observación de la obra ya que  ademas del recorrido liso y llano, podremos elevarnos para ver desde donde se proviene y derrotero se eligió o cual pudo recorrer y hasta quizá podramos adivinar porque fue y como se dieron. Entonces la obra se enriquece y multiplica sus posibilidades, de objeto para tapar  paredes a un disparador de ideas que permite reconstruir miles de posibilidades, en las que sue siempre el observador es responsable y coprotagonista con el autor. Entonces  la obra que pasa a ser una partícipe necesaria mas que una protagonista única y egoísta.

Esto podría hacer creer a quien recién comienza que hay un universo al que se le prohibe el acceso por ignorante.  Esta conclusión y desde ya su razonamiento es completa y absolutamente equivocada;  porque en el momento en el que se halle quien comience a disfrutar las artes visuales, construye a la vez que hace recorrido, observa y elabora una nueva,  tal vez mas fructífera relación con la disciplina artística en cuestión, con sus códigos, abordajes y estilos; desde ya que quien mas sabe, mas disfruta y percibe, pero eso no hace que la experiencia estética de quien recién se inicia sea mas rudimentaria que la de un avesado dilentante del arte.

La avanzada de ansiedades desmedidas grita desesperada que necesita una explicación. Porque se supone que hay una receta para la decodificación;  algo así como un test de esos que aparecen en las revistas del corazón, como si el trayecto y el paseo no valieran, como si el objetivo de un banquete fuera digerirlo y defecarlo a la brevedad.  Como tantas causas de esas que aparecen para justificar la existencia de interpretes, intermediarios y neosurtidores de falacias y milagros interpretativos.  Provedores de fe, usufructuadores de buenas voluntades ajenas, que arrastran a crédulos, inocentes e incautos hacia donde no hay mas que vacío.

Por supuesto que no faltarán quienes crean en los atajos, en los secretos misteriosos del arte y en el supra yeite oculto que sólo el paladín supremo del mundo snob, puede divulgar a quienes,  sólo él,  gracias a sus ondas invisibles de conexión interpersonal ayunas de argumento alguno y validez, considere merecedor.

Si pasa en la vida pasa en la fotografía. La esperanza del atajo nos sigue como una especie de buitre que come sesos y voluntades.
Andando es como se avanza. Feliz marcha y buen paisaje.

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